El poder del ‘ube’

Jamás imaginé que un niño de 2 años de edad se interesaría en una antigua edificación. Bueno, déjenme ser específica. Hace unos días andaba con la familia por el pueblo cafetalero de Maricao, en la zona montañosa de Puerto Rico y pasamos por la Torre de piedra, construida hace alrededor de ocho décadas.

El asunto es que cuando íbamos en el auto hacia el centro del pueblo para comprar unas cosas, transitamos frente a esta torre y el pequeñín, Draco, desde su asiento protector la vio y dijo: “ube, ube”. Les traduzco, quiso decir sube. Continuamos el viaje y de regreso al ver la torre volvió a decir: “ube, ube”. Así que nos detuvimos para explorar la edificación.

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Torre de piedra de Maricao.

En julio de 2015 había pasado por ahí pero no me detuve, así que el poder del “ube” me llevó a conocer la historia de este edificio y a admirar las bellezas de mi Isla. Desde arriba, Draco llamaba a mi prima Aileen, que se quedó abajo y a su muñeco George, hermano de Peppa Pig, que lo veía en el auto.

Les cuento, en 1933 el presidente de Estados Unidos, Franklin Delano Roosevelt, creó el Cuerpo de Conservación Civil (CCC), al cual asignaron la tarea de ofrecer oportunidad de trabajo a jóvenes a través de toda América, en la época de la depresión. Les dieron la tarea de construir veredas, carreteras, torres de observación, casas y piscinas recreacionales utilizando madera del país, piedra y concreto. También reforestaron y dieron forma a muchos de los bosques de Puerto Rico.

Como establecieron dos campamentos en Maricao, el CCC construyó veredas, carreteras a través del bosque, casas y esta Torre de piedra de observación, erigida con albañilería de piedra, con techo de tejas españolas y acabado exterior de ladrillo.

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Junto a Draco, mis sobrinos Ian y Alejandro, mi hermana Ingrid, mi madre Lola, mi tía Olga y mi cuñado Eladio.

Draco subió todos los altos y angostos escalones y al llegar al tope admiramos las maravillas de la naturaleza: el islote de Caja de Muerto en Ponce, parte de la costa sur, toda la cadena de montañas de la Cordillera Central y el municipio de Mayagüez, y hasta nos impresionamos con un arcoíris que acababa de salir, tras el paso de unas lloviznas.

En fin, que le debo al “ube, ube” de Draco conocer un poquito más de mi paraíso, Puerto Rico.

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Parte de la vista desde el tope de la torre.

 

Cuéntame abajo, en el área de comentarios, sobre tus descubrimientos en tu país.

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Generación de madres

Esta foto encierra tanto para mí, cinco generaciones, que vamos a ver cómo lo resumo. La historia comienza en 1928, cuando yo ni pensaba existir, pero sí mi abuela, quien nació el 13 de noviembre de ese año. Sebastiana Ojeda Cruz, mejor conocida como abuela Chany, es el pilar de nuestra familia.

Los años han aplacado su carácter que era, según me cuentan, terrible. Pero no era para menos, tuvo ocho hijos en medio de la pobreza y siempre trabajó para sacarlos hacia adelante, hasta hace poco más de un año que la convencimos para que, por fin, se retirara y dejara de laborar. De este ser humano amado por todos en nuestra familia y fuera de esta, surgió su primera hija, Lola, mi santa madre.

Abuela, Draco y Yomaris

Mi abuela, su tataranieto Draco y yo, abuela de Draco.

¡Qué les puedo decir de mi adorada madre! Pues que heredó la fortaleza de abuela, su progenitora. Mami trabajó desde niña cuidando a sus hermanos, se convirtió en enfermera graduada, fue jefa de enfermeras del departamento de Pediatría de uno de los principales hospitales públicos de Puerto Rico, tuvo tres hijas, yo soy la del medio, tiene tres nietos, Caroline (mi hija), Anthony y Alejandro; y un bisnieto que es mi nieto, Draco, quien aparece en su falda en la foto principal y a su vez es tataranieto de abuela Chany. En fin, que su espíritu luchador, ese heredado de abuela también lo pasó a mí. Todo lo que soy se lo debo a ella.

Entonces llega mi hija, Caroline, por quien seguí el ejemplo de abuela y mami, luchando hasta el fin por sus hijos. Y esto no para ahí, porque a esta historia femenina, Caroline trae al Draco, todo un personaje que nos tiene en la familia vueltos locos de amor por él, empezando por mí que me siento madre por segunda vez y no abuela, jajaja.

¡Ah! Y me falta otra madre, porque me creo que tengo tres: abuela, mami y tía Olga, hermana de mi madre. Tía Olga y mami siempre salían juntas con sus respectivos hijos, o sea, mis hermanas Glenda e Ingrid, y mis primos Aileen y Danny, así que nos criamos como hermanos. Mi tía es igual de especial y tenaz que mi abuela y mi madre, qué les puedo decir, soy una mujer más que bendecida.

Junto a tía Olga.

Junto a tía Olga.

Felicidades a todas las madres y no solo hoy en los países que se celebra el Día de las Madres. Mi reconocimiento a todas esas mujeres que deciden tener hijos cuando les llega esa bendición de Dios, especialmente a las que adoptan, a las que crian, a las que se comportan como custodias de todo el vecindario. Felicidades mujer porque solo tú sabes y tienes el poder de ser madre.

Abuela, mami, tía y Caroline las amo con todo mi corazón.

Y ustedes, amigos y cómplices de Historias de camino, cuéntenme aquí en el blog de sus súper madres.