Confieso que me maravilla ver aterrizar y despegar un avión, como si fuera todavía una niña. Me maravilla ver volar un ave y escuchar su canto, ver germinar una semilla, ver crecer una planta o un árbol, ver los primeros indicios de luz del amanecer, observar la inmensidad del mar, la belleza de un caracol en la playa…
Me maravillan los misterios de la vida y las cosas que no sé explicar sin analizarlas científicamente. Por ejemplo, cómo un avión puede volar y un crucero se sostiene sobre el agua.
A lo que voy, maravillarme me hace sentir una niña, me deja sacar a ese niño interior que todos tenemos y que nos hace mejores personas. Asombrarme me hace redescubrir las maravillas de la vida, dejando a un lado las preocupaciones.
Date permiso a maravillarte y cuéntame para saber qué me estoy perdiendo.